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Nadie lo puede negar. Francia, que por años supo detentar el título de Reina del Vino, está perdiendo posiciones en el tablero internacional y protagoniza lo que muchos denominan la peor crisis que vive el sector en más de un siglo. Todos los indicadores están en rojo. En el 2004, no sólo descendió el volumen de las exportaciones en un 5,6%, en una tendencia a la baja que se viene registrando hace seis años, sino que también cayó el valor de venta de sus vinos en un 10%, lo que sucede por primera vez en años. Otra mala noticia para el golpeado sector vinícola francés, que para colmo este año registró un volumen de cosecha sin precedente. Mucho para vender y pocos interesados en comprar.
Ya en el 2003 la caída de las exportaciones había sido sugestiva. Pero la venta de la cotizada cosecha 2000 de algunos de los mejores Chateaux había logrado enmascarar la baja. A la hora de buscar las explicaciones de esta caída en desgracia, muchos nombran la fortaleza del Euro frente a otras monedas y el descenso de ventas en Estados Unidos por el sentimiento antifrancés, provocado por la guerra en Irak. Pero el principal problema que empuja hacia abajo las exportaciones francesas es la competencia feroz con las potencias del Nuevo Mundo como California, Australia, Chile, Sudáfrica, Nueva Zelanda y también Argentina.La tradición en apuros
La explicación es para muchos sencilla: estos vinos resultan mucho más baratos, parejos y comprensibles, en relación al complicado sistema de denominaciones francés. Las estadísticas nuevamente aportan una dimensión del
fenómeno. Entre 1998 y 2003 las exportaciones francesas cayeron un 12%, mientras que las del Nuevo Mundo
explotaban y registraban un insólito aumento del 161% en el mismo período. En el mercado americano, por ejemplo, la competencia con el gigante australiano ya dio como perdedora a Francia. Por eso muchos aseguran que Australia es nada menos que la filoxera francesa del siglo 21.
El corazón de la crisis parece residir insólitamente en el paralelo 45º: en la mítica región de Burdeos. Esta tierra, desde donde por años emergieron las mejores etiquetas del mundo, presenta algunas complejidades propias. Si bien de aquí surgen vinos emblemáticos de precios astronómicos, éstos sólo representan el 3% de la producción de la región. El resto proviene de más de 10.000 bodegas y productores que también pueden utilizar la cotizada DOC para embotellar sus bebidas, que van desde vinos buenos hasta mediocres brebajes que se benefician del prestigio de la región. De hecho, los precios de estas tierras bajaron en los últimos años: el costo por hectárea pasó de 37.000 a 23.000 Euros en poco tiempo.
Champagne, en cambio, es la única región francesa que quedó a salvo de la crisis. Y para algunos expertos el hecho de que allí exista sólo una denominación de origen representa una prueba fehaciente de que parte de la crisis de los vinos franceses se debe a la dificultad que muchos consumidores internacionales encuentran a la hora de decodificar sus etiquetas. Además, una única Denominación permite crear una marca fuerte para aunar esfuerzos en las combativas arenas
internacionales.
En el frente interno las cosas tampoco están mucho mejor. Los propios franceses redujeron su consumo de vino a 340 millones de litros al año, en relación a los generosos 430 que consumían allá por 1980. Hoy el consumo anual per capita se ubica apenas en torno a los 58 litros, mientras que en 1960 ascendía a 100. Y aunque hay algunos proyectos para promocionar las propiedades beneficiosas de esta bebida, la controversia no es menor ya que algunos aseguran que el alcohol es responsable de 40.000 muertes anuales prematuras en ese país. Y para los aguerridos productores de Borgoña, Burdeos y Champagne fueron estos mismos argumentos, que no hacen mucha distinción entre el consumo moderado y el excesivo, los que empujaron hacia abajo el consumo.
Las altas multas por manejar alcoholizado tampoco ayudaron.
"Todos estamos a favor de la moderación, pero actualmente tratan al vino como si fuera un veneno. ¿Por qué no lo prohíben y terminamos de una vez con esto?", decía de manera irónica un productor frente a las cámaras de televisión en una de las marcha masivas que protagonizó el sector a fines del año pasado.
Este año una nueva concentración para denunciar la crisis del sector fue un poco más violenta. Luego de una manifestación pacífica en Nimes, un grupo de agricultores destrozó un par de supermercados y orientó su violencia a vinos extranjeros como los chilenos: más de 1 millón de litros de vino de este origen terminaron en una alcantarilla. Con acciones de este tipo y más de 300.000 empleos dependiendo de este sector, la crisis del vino se convirtió así en una cuestión de Estado.
Habrá que ver qué acciones emprende este país que aún detenta el primer puesto si de producción se trata.
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