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Me quedé como hechizada contemplando su glorioso pene, a la vez que le
tanteaba su dureza con mi pequeña mano; de repente, noté que la mano que
Gabo tenía puesta sobre mi nuca, me estaba empujando inconscientemente
en dirección a su sexo. Interpretando su gesto, bajé del sofá me hinqué
sobre el suelo, le tomé la polla con ambas manos e inclinando mi cabeza,
mis labios se posaron suavemente sobre su glande. Al sentir mi
contacto, su capullo se hinchó y adquirió un color amoratado, luego de
besarlo lo lamí repetidamente con la punta de mi lengua, comencé a
chuparla toda con ganas y al ver que había alcanzado su máximo
esplendor, embutí aquella polla dura y palpitante en mi boca,
recorriéndola con mis labios, dejando que penetrara hasta mi garganta.
-Oohhh!! oohhh!! Sari…mi amor….!!.-pude entender que decía entre rugidos.
Al poco, noté que tenía la verga algo más untosa y presintiendo un
inmediato estallido, levanté la cabeza para sacar su verga de mi boca y
darle un respiro.
-Ven aquí reina mía, quiero probar tu saborcito….
Me recostó sobre el sofá, y después de retirarme el panty, se dejó caer
sobre mí, me separó los labios genitales con sus dedos para acariciar mi
vulva con ávidas lamidas.
-Hummm…que chochito tan rico, sabes a ambrosía, nena!
Su lengua, con notable destreza, comenzó un tour maravilloso alrededor y
sobre mi clítoris, haciendo que yo me agitara exacerbada por una
estimulación extrema, presa de un gusto inmenso.
-Mmmm..! aahhhh! mmmm. aaahhhh…! -gemía yo excitada.
Así continuó unos minutos, obsequiándome con toda la sabiduría de su
experta lengua, insistiendo como para asegurar mi disfrute por encima de
todo. Yo, descontrolada por el calentón, agarré su cabeza y la atraje
con fuerza sobre mi sexo, hasta que mi excitación llegó a la cresta de
la ola, y disfruté de un orgasmo extraordinario, que me dejó patitiesa.
-Aaaassch! aaaaassssch! aaaaahhh! –gemía yo entre mis estertores de placer.
Consciente de que me había hecho gozar plenamente, me tomó en brazos y
depositándome sobre la piel que había frente al fuego, se tumbó a mi
lado, me besó el cuello y la cara con ardor, me colmó de expresiones
cariñosas mientras me besuqueaba los lóbulos de la oreja. Arrimó su
cuerpo al mío, hasta hacerme sentir su dureza apremiante, su pene
pendulaba en su bajo su vientre, tenso como una cuerda bramante muy
caliente y enrojecido.
Le pedí mi bolso que estaba sobre la mesa, extraje un condón y se lo
puse. Gabo se colocó boca arriba, listo para perforar con su barrena de
carne lo que se pusiera por delante, me arrodillé sobre él, agarré su
verga entre mis pequeñas manos y la puse justo sobre mi vulva, dejando
que me introdujera solo la cabeza, acariciando el interior de mi
conchita lubricada y ansiosa. El sentir su tacto caliente y
aterciopelado era un juego exquisito, tan excitante que su polla
recreció un tanto mientras se frotaba en la antesala de mi vagina. Me
dejé caer sobre él con las piernas abiertas, entonces sentí el empuje
implacable conforme iba clavándose su espadón en mis entrañas…la
sensación era de lo más rico, notando como se abría paso entre los
repliegues mucosos y calientes de mi vagina. Todo el tronco se hundió en
mi, en un acoplamiento perfecto. Su pene de grueso calibre, forzaba mis
labios, entrando y saliendo rítmicamente a impulsos de los movimientos
de pelvis que yo le iba administrando desde mi posición más libre.
-Dale….dale más…. es toda para vos…! -me animaba Gabo con voz entrecortada.
Poco a poco nuestras embestidas eran mutuas y fueron alcanzando más y
más velocidad hasta acabar en sacudidas frenéticas, de un sexo contra el
otro, que se pegaban y despegaban para volverse a atacar con furia,
desesperados… camino del paroxismo temporal de un increíble climax.
Primero sentí en mi coño el estremecimiento de su eyaculación, mientras
su boca buscaba ansiosamente la mía para morderme los labios y liberar
su excitación. Seguidamente, en unos segundos, los latidos de su polla
mientras descargaba dentro de mí sus últimos bombeos, provocaron que me
corriera otra vez muy intensamente.
Todavía estuvimos recostados juntos por unos momentos, con su mano sobre
mi vientre, acariciándolo tiernamente, suspirando y celebrando el lance
tan tremendo que acabábamos de disfrutar.
-Sara, eres una mujer muy completa. Algo me decía que cogiendo también
serías excepcional y no me he equivocado…..eres divina, lo más! –me dijo
en tono de admiración.
-Qué quieres, herir mi modestia..? No te hace falta, ya he sido tuya…-le repliqué seria.
-Parece que te sientes ofendida o arrepentida.
-No, ha sido genial, además lo esperaba y tu lo sabías…pero no me ha quedado muy buena conciencia, sabes?
-Porqué, mi amor…?
-No sé…siento que no me he hecho apreciar y que puedas pensar que soy siempre así con todos.
-Eso no…por Dios Sara! Pienso que las circunstancias nos han desbordado la pasión y nos han obligado ha hacerlo así.
-Realmente, me gusta el sexo y lo disfruto con liberalidad, pero soy cuidadosa al escoger mis compañías.
-Entonces…gracias por el privilegio. Me siento afortunado de ser tu elección!
Después de este diálogo de aclaración, Gabo se ha levantado, se ha
vuelto a poner su albornoz, para poner la mesa y asar la carne para la
cena. Era ya el final del atardecer. La cena transcurrió plácidamente,
nos abrimos más entre nosotros, platicando abiertamente, mientras dimos
cuenta de la parrillada y de una botella de vino tinto. Estaba todo
exquisito y así se lo reconocí, dándole una vez más las gracias por
tantas atenciones y demás. Al terminar preparó una taza de mate cocido
para que degustara esta apreciada infusión argentina que, según Gabo, me
ayudaría a digerir tanta carne en una noche. Lo tomamos sentados en los
sillones, frente a la agradable fogata.
Le recordé que cuando viera oportuno me acompañase hasta el hotel, a lo
que me dijo que aún era pronto, puesto que al día siguiente no
necesitábamos madrugar mucho.
Por un instante, cerré los ojos para recuperarme de la realidad del
momento. Estaba en un país alejado del mío por muchos miles de
kilómetros, con la sola compañía de un hombre, que se mostraba como un
caballero y aunque casi desconocido me había entregado a él sin
condiciones, y a mi albedrío. No podía llamarme a engaño, ya que desde
el primer momento percibí que aparte de ser amable con una extranjera y
distraer su soledad, su actitud denunciaba que pretendía algo más, algo
como conquistarme y tener una aventura conmigo. A pesar de ello, hice
como que no me daba cuenta de su asedio, me sentía complacida de verme
tan consentida y mimada por este hombre, buen amante, que me inspiraba
confianza y seguridad. Su persona me había seducido. No me arrepentía de
haberle aceptado, pensando al final que todo iba bien y así iba a
seguir.
-Seguro que ahora ya te encuentras como nueva….-comentó él.
-Si, pero me siento magullada del cuerpo, como si me hubieran apaleado. –contesté.
-Tú lo que necesitas para reponerte es un buen masaje antes de dormir. -me dijo.
Le miré a la cara con aire incrédulo, sin decir palabra. Me aseguró que
estaba habilitado para hacerlo, ya que tiempo atrás hizo un curso de
fisioterapia.
-Dejame que te compense y alivie por el día tan duro que te he hecho llevar. –insistió.
-Te lo agradezco, pero no voy a consentir que estés todo el día haciendo de nurse para mí. –le contesté.
-Ninguna molestia, al contrario, he decidido dedicarme a vos todo el
tiempo, quiero dispensarte lo mejor de mí, cuidarte, llenarte y colmarte
de lo que te haga feliz. –insistió mientras me acariciaba la barbilla.
-Mira Gabo….otro día te dejaré que me hagas una demostración.
Sin hacer caso de mi propuesta, se levantó dirigiéndose al baño y al
poco salió con un frasco, un tubo y una toalla de baño, la extendió
sobre él la piel de cabra y me señaló que me tumbara sobre ella, a modo
de camilla. El me esperaba allí, de rodillas para iniciar su
tratamiento. Inexplicablemente en mi, adopté una actitud de obediencia
ciega y sin más objeciones me acosté boca abajo, con la camisa puesta y
los brazos extendidos, él, se colocó a horcajadas por encima de mis
piernas, me despojó parsimoniosamente de toda la ropa, luego introdujo
sus dedos acariciantes entre mis cabellos, me retiró el pelo hacia
delante, deslizó los dedos desde mi nuca hasta el cuello, presionando y
amasando la parte muscular, insistiendo con las manos y los dedos
durante un rato hasta alcanzar los hombros.
Después, vertió una parte del aceite aromático y estimulante dérmico en
sus manos y me untó todo el torso, me frotó a lo largo y ancho de la
espalda, hasta recorrerla desde la nuca hasta los glúteos con friegas y
frotamientos, en inacabables maniobras con las palmas de las manos y los
dedos, alternando los trazos largos, cortos, circulares. Antes de dejar
la zona, pasó las yemas de los dedos bordeando la espina dorsal en un
rozamiento tan sutil que apenas me tocaba, tal como si una araña
estuviera correteando por mi espalda.
Esto último, me produjo un cierto cosquilleo muy familiar, eran los
primeros efectos sensuales. Ahora, sentía la sensación de una nueva
forma de comunicación entre los dos, algo que tenía verdadera
profundidad, traspasaba mi piel. Como se trataba de solucionar mis
problemas físicos, me dejé hacer con gusto pero pronto comencé a
sospechar que el final iba a ser otro. Poco a poco fui pasando a un
estado mental de abandono, disfrutando de ser tocada, algo que él estaba
haciendo muy bien.
Gabo, se retiró hacia atrás para poder trabajar en la zona de mis
extremidades. Ahora se ocupaba brevemente de mis pies utilizando sus
pulgares, me atenazó los tobillos con las dos manos para elevar mis
piernas y fregar la fina piel varias veces, concienzudamente, hasta más
arriba de las rodillas, cada vez con más firmeza, incluyendo la zona
interior de los muslos. Sus últimos recorridos ya eran más amplios, casi
más bien caricias sensuales que friegas terapéuticas o por lo menos mi
estado voluptuoso así me lo hacía notar. Después de acabar con mis
piernas, pasó a frotarme y amasarme los glúteos de nuevo, oprimiendo y
frotando cada uno de ellos con su mano extendida, a la vez que los
jalaba hacia los lados, separándolos repetidamente. Su mano surcó varias
veces la hendidura de mis nalgas, sin llegar a rozar el ano ni los
genitales. Me volvió a frotar con las palmas de la mano, con mucha
presión, a lo largo de la espina dorsal, hasta que me calentó toda la
zona lumbar y cervical. La verdad es que con los últimos tocamientos me
había transportado al paraíso del bienestar.
En unos segundos pasó por mi mente que con todas estas manipulaciones
por casi toda mi anatomía trasera, mis molestias musculares habían
desaparecido por completo, parecía ser que Gabo había hecho un buen
trabajo, mi cuerpo estaba nuevo y laxo, pero poco a poco pasé de estar
relajada a tener las pulsaciones aceleradas, y las partes vedadas de mi
intimidad habían quedado llameantes con el ansía de ser también
exploradas por sus experimentadas manos.
Aprovechando el masaje, Gabo me había realizado también un meticuloso
preludio muy rijoso, que me había preparado para todo. Imaginaba el
ejercicio de autocontrol que estaría realizando él, resistiendo al
llamado de su instinto para abalanzarse sobre mí, y cambiar el programa
fisioterapéutico por un lance desenfrenado de sexo. Pensé que si se
había contenido hasta el momento, era por su experiencia y que su
intención sería despertar un fuerte deseo en mí para terminar cogiendo
como locos.
Seguidamente, sus dos manos abiertas se metieron debajo de mi cuerpo,
volteándome para cambiarme a la posición supina. Así, puesta boca
arriba, sin amagos, extendió más aceite sobre mi piel y me propinó un
tratamiento similar, deslizando sus manos y sus dedos hábilmente en
innumerables viajes sobre mi vientre, oprimiendo y acariciando mis
costillas y mis pechos. Llegaba al minúsculo triángulo velloso sobre mi
pubis y encogía los dedos para no tocar mi flor genital. En una de sus
aproximaciones a mi región púbica, debió comprobar allí las convulsiones
de mi bajo vientre, que yo ya no podía disimular por más tiempo.
-Bueno Sari …… creo que hemos llegado otra vez al punto. Ahora para
rematar necesitamos los dos algo más, no crees? –me dijo mientras me
despojaba de mi ultima ropa.
-Si….me parece que el masajista se ha salido del guión! –le contesté abrumada por la calentura.
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