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Volviste
a tu oficina, el restaurante donde habías comido no estaba lejos, era
primavera y no hacia demasiado calor, sin embargo tú estabas algo
sofocada, pero era por sus miradas, las de aquel hombre sentado un par
de mesas de la tuya, aquella mirada te había traspasado, pese a tu traje
de chaqueta y falda malva habías tenido la sensación e incluso el deseo
de que estabas desnuda ante él.
Nada más entrar en tu oficina, antes de
sentarte en tu mesa te abriste la chaqueta, quizá el aire acondicionado
te bajaría los calores.
- Aquí hay un hombre que desea información, sonó el interfono de tu mesa
- De acuerdo , que pase
No te dio tiempo a rodear la mesa y
sentarte, unas manos rodearon tu cintura y te atrajeron, antes de que te
dieses cuenta, aquellas manos tomaron tus senos y una boca comenzó a
besar tu cuello, oíste como la puerta del despacho se cerraba, él te
empujó hacia la mesa, te apoyaste en ella para caer mientras le oías
cerrar las persianas y echar el pestillo.
Acababas de girarte para enfrentarle
cuando te lo encontraste pegado de nuevo a ti, era el, el responsable de
tus calores, no te dio tiempo a hacer ni decir nada, pegó sus labios a
los tuyos, su lengua se coló en tu boca a la vez que sus manos bajo tu
falda, te sentó en la mesa y te quitó el tanga sin dificultad, te
desabrochó, más bien arrancó los botones de la blusa, sacó tus senos del
sujetador y su boca bajó de la tuya a ellos, tus pezones recibieron a
su lengua erectos y agradecidos, de tu boca, libre para pedir ayuda o
protestar, solo salían gemidos provocados por los juegos de sus dedos en
tu entrepierna para entonces ya bastante húmeda.
Se incorporó, viste en sus ojos la
lujuria que lo embargaba, te giró bruscamente apoyándote sobre la mesa,
el contacto del frio cristal de la mesa con tus pezones fue como si te
quemasen, aunque fuego fue lo que sentiste cuando su miembro entró
profunda y violentamente en tu coño, comenzó un salvaje vaivén que te
cortaba la respiración pero que por nada del mundo deseabas que parase,
agarrando con fuerza tus senos, masajeándolos, pellizcando tus pezones
entraba y salía con tremenda facilidad de tu encharcado conejo.
De pronto sonó de nuevo el interfono, lo
miraste contrariada y disgustada, no querías pulsarlo, pero lo hizo el
por ti, se salió de ti y deslizó su lengua entre tus piernas acariciando
despacio tú hinchado clítoris:
- Jefa, tal y como me pidió le recuerdo que tiene una reunión con el director dentro de 15 minutos
- E.. e.. esta b…b..bien, g…g.gracias – respondiste todo lo serena que te permitía la situación
Tras cortarse la comunicación, él te
giró, te hizo arrodillar y te la metió en la boca antes de que pudieses,
no sin disgusto, proponerle dejarlo para más tarde.
Comenzó literalmente a follarte la boca,
entraba tan profundamente que te faltaba el aire y te provocaba arcadas
pero aquello no duro demasiado ya que se descargó directamente en tu
garganta.
Te incorporaste, él se abrochó el pantalón y te dijo:
- Vas a llegar tarde a esa reunión
Miraste el reloj, era cierto, te
colocaste el sujetador, el roce de la tela con tus pezones era infernal,
te quitaste la chaqueta y la blusa, te aseaste y refrescaste un poco
con las toallitas húmedas que tenías en el cajón te abrochaste la
chaqueta, cogiste el dossier y saliste zumbando al despacho del
director.
La reunión fue bien, como esperabas, el
nuevo cliente para el que habías preparado el informe era tuyo, al
llegar al despacho tu secretaria anunció.
- El Sr Ramírez la espera en su despacho jefa
¡Dios, y yo he dejado la blusa tirada y a saber dónde ese hombre ha dejado mis bragas!
Entraste, inspeccionando el despacho, todo estaba en orden,
- Buenas tardes querida, ¿se encuentra bien? – te preguntó el sr Ramírez
- Si, ¿Por qué me lo pregunta? – contestaste
- La veo algo sofocada y distraída
- No, no me pasa nada, el aire que esta tarde en este despacho ha decidido dejar de funcionar
- Ah, bien, ¿empezamos?
- Si siéntese.
Te acercaste a la ventana, la abriste para ventilar un poco la estancia y te sentaste en tu mesa.
Mientras hablabas con el de sus asuntos,
lo notaste, unas manos separaron tus piernas, e introdujeron algo más
tu sillón bajo la mesa, te obligaron a levantarte ligeramente para
subirte la falda y una lengua comenzó a juguetear con tus labios
mayores, menores y tu agradecido clítoris que rápidamente recordó los
momentos vividos apenas hacía una hora.
- Te noto inquieta querida, va todo bien – Se interesó Ramírez
- Si, s..i no se preocupe, ¿sigamos?
Tuviste que realizar verdaderos
esfuerzos para evitar que tu voz revelase lo que ocurría entre tus
piernas, a aquella lengua se unieron unos dedos que no lo ponían nada
fácil.
Finalmente el Sr Ramírez se dio por satisfecho y se despidió, te diste dos besos incorporándote algo en tu silla
Las sensaciones en aquella posición eran
tan placenteras que permaneciste así hasta que el cliente se cerró la
puerta tras de sí, Indicaste por interfono a tu secretaria que te
diese quince minutos libres y al desplomarte en el sillón ocurrió
aquellos dedos empapados en tus flujos se colaron en tu ano, primero fue
uno, luego dos que junto con los dos de tu vagina y aquella lengua
precipitaron tu cuerpo hacia el orgasmo inminente, colocaste las piernas
sobre la mesa bien abiertas y el trasero en el borde del asiento
facilitando el acceso al máximo y apenas un par de minutos después el
anunciado y esperado orgasmo te inundo, entre espasmos, sudores y
gemidos entrecortados y ahogados al morderte el labio inferior para
evitar ser oida.
De debajo de la mesa salió el con una sonrisa picará y burlona.
- No podía marcharme sin que tú también te corrieses.
Te pasó la caja de toallitas y salió del despacho dejándote allí, espatarrada, agotada y satisfecha.
Minutos después salías del trabajo con una sonrisa permanente en dirección a casa a darte una ducha y descansar.
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