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Esa semana había cortado con el que era mi novio, Rodrigo. Mis amigas me
insistieron para que salga a bailar con ellas y ya en el camino me
venían llenando la cabeza de que Rodrigo no era para mí. Yo igual no
estaba muy triste, porque ya se veía terminar hacía rato lo nuestro…
(pero no daba hacer lo que hice).Esa noche, bailando salsa, se me
acercó un chico alto, de ojos claros y pelo castaño claro también. Tenía
un poco de barba, pero bien prolija y un perfume riquísimo. Se me puso a
bailar bien pegado, y mis amigas se hicieron a un lado (entregándome).
Yo todavía no quería saber nada, porque no hacían ni cuatro días que
había cortado con Rodrigo, me parecía que algo estaba mal.El chico
me agarró desde atrás, con las dos manos, cerca del ombligo, y sensual
se movía y me acariciaba. El impulso del baile me hizo tomarlo de las
caderas, yo todavía de espaldas a él, y mover la pelvis al ritmo, a un
lado, al otro, y subiendo… Antes de que me diera cuenta me estaba
mordiendo con suavidad la oreja, que es de las cosas que no me puedo
resistir. Me quedé inmóvil, con los ojos cerrados, y sus manos subieron
hasta el borde inferior de mis pechos, justo antes de tocarlos. Giré la
cabeza y le comí la boca.Me sacó de la pista de baile y nos fuimos a
unos sillones que había en el boliche. Nos besábamos apasionados,
mordiéndonos, lamiéndonos, besando todas las partes del cuerpo
descubiertas de ropa, entre las cuales contaba, claro, mi escote (en el
que, la verdad, se lució como besador).Se llamaba Santiago, y traía puestos unos jeans negros que ya mismo quería desgarrar… “¡Mmmm..!”.
Mientras me lamía el escote y cada tanto buscaba abajo de la ropa, con
su lengua, tocar mis pezones, yo le apoyé con firmeza la mano en el
paquete, apretujándoselo, masajeándoselo cada tanto. En ese manoteo
descubrí que Santi estaba más que listo para hacerme suya. Él debió
pensar lo mismo de mí, cuando por fin con su lengua encontró un pezón y
sintió su fuerza.Por mi parte, traía puesta una pollera por encima
de las rodillas. Así que le guié la mano al rubio para que me sienta la
humedad en la vagina. Él miró en el entorno si alguien estaba mirando
antes de apoyar la mano, y una vez sintiéndose seguro de eso, lo hizo
con goce. Yo no sacaba mi mano de lo suyo, que se notaba que no podía
más. Él se abrió la bragueta con la mano que le quedaba y se la agarré
por sobre el calzoncillo. Lo masturbé mientras era masturbada. Otra vez
esa lengua astuta me lamía los pezones por debajo de la ropa y yo le
chupaba y mordía la nuca.Le estaba por decir de ir a otro lado…
cuando sentí la eyaculación caliente en mi mano…!. Primero sentí
decepción, pero fui rápida, y se la seguí agitando para que acabe con
ganas. Lo escuché gemir sordamente, porque tenía la cabeza completamente
hundida entre mis pechos. Me excitó mucho el momento, y le dije que
necesitaba que fuéramos a un hotel. Me respondió que él ahora necesitaba
ir al baño y lo dejé ir.¡No apareció más! y ahí sí me sentí muy mal. Por lo que había pasado y por lo tarada que había sido… “Encima justo la semana que corté con… ¡Buen! ¡me tengo que olvidar! ¡¡Necesito sexo ya!!”.Me
acomodé la pollera, pero los pechos los dejé como estaban: con los
pezones apenas escondidos, muy insinuantes. Salí a la pista y mientras
me hacía la gata bailando, miré a mi alrededor a ver quién iba a ser mi
próxima víctima… ¡y ahí lo veo! con un vasito en la mano, sensual, con
camisa negra desabrochada, afeitado, moreno… “¡qué mirada!. Listo, ¡es mío!”.Me
le acerqué hasta que por fin me miró. Lo miré, y supo que lo llamaba.
En seguida se me acercó… se me fue acercando de a poco, mientras yo le
sostenía la mirada y me alejaba a la misma velocidad… bailando,
saliéndome de la pista.Me siguió hasta que llegué al sillón. Me dijo
unas cuantas palabras, pero no lo quería ni escuchar, no me iba a
arriesgar a que arruinara su imagen escuchando malos chamuyos.Le
pregunté si tenía auto y me dijo que sí. Le dije que me lleve a otro
lado y primero dudó, pero me acomodé, esta vez, las tetas, y fijando la
vista en ellas, me aceptó la oferta.Salimos casi corriendo y con el
auto a velocidad. Este chico se llamaba Cristian y me llevó a un
albergue transitorio bastante lujoso.Una vez dentro, él dejó las
llaves en una mesita y yo me agaché para chupársela: la tenía caída. Se
ve que estaba algo tenso (pero no justo lo que yo necesitaba). Se la
succioné igual, flácida como estaba. Le corrí la pielcita y le pasé la
lengua por el frenillo, todo el glande, las bolas… ¡no funcionaba!Me
saqué una teta para afuera y me la empecé a tocar, pellizcándome el
pezón, mientras tenía en mi boca su pene caído, y lo miraba a los ojos.Empezaba a funcionar, pero Cristian estaba muy nervioso, así que… quizá necesitaba más estímulo: “Que
rica Cristian… mmmmmm… ¿sabés que hoy no tomé la leche? se me volcó… A
ver si vos me la servís, te la tomo del embase ¡hmmm! Si, dale… si..
¡ay, mostrame lo grande que sos!”. – y se le empezó a parar. Los
dos nos habíamos re excitado con mis propias palabras. Yo con una mano
en la nuca me había levantado el pelo, como si posara en una foto, con
mis párpados casi cerrados, y mi boca en éxtasis, sintiendo cómo ese
miembro se iba erectando, endureciendo… “¡y todo para mi!”.Había
decidido no sacármela de la boca hasta que no creciera del todo, y
cuando lo hizo, me llegó a tocar la garganta y tosí, sacándomela rápido.
Estaba chorreando saliva, estaba toda babosa y ahí Cristian tomó la
iniciativa: se sentó en la cama, me desnudó los pechos y me dijo que le
hiciera la mejor turca. Y eso intenté, poniéndomela entre las tetas,
agarrándome los pezones y deslizándolas de arriba hacia abajo… primero
muy lento, después más rápido. Cada tanto le echaba un hilo de baba o
las escupía, según si quería ser dulce o perra. Él me las miraba fijo,
no podía apartar la vista de mis tetas y su pene en esa fiesta
resbalosa.Un momento después me di cuenta que si bajaba la cabeza,
se la podía chupar a la vez que la friccionaba con los pechos. Así que
eso hice, y cuando el glande asomaba, mi boca lo encontraba.Me subí a
la cama y le puse mi clítoris en la boca, llegando con la mía a su
pene. Cristian me penetraba con su lengua y me apretaba con sus labios
los míos. Yo se la agarraba firme y estiraba uno de mis pechos hasta que
el pezón rozara el glande. Y cuando así era, mi lengua se metía para
lamerlos a los dos.Él ya no podía más, y yo tampoco, así que me dejé
llevar cuando me agarró por la cintura y me puso como perrito en la
cama. Me la metió por la vagina en un solo impulso, y mientras me
meneaba, yo pasaba mi mano por abajo y le pellizcaba las bolas. Él se
apoyó en mi espalda y me sujetó los pechos, acariciándolos en círculo.Ahí
mismo se la agarré con firmeza y me la saqué. Sin decirle una palabra
la empecé a guiar para meterla en la cola, y él me dijo que no se
animaba, que nunca lo había hecho. A lo que le contesté que era lo mismo
para él, pero no para mi… que se anime y se deje llevar.La fuimos
metiendo de a poquito. A él parecía dolerle, pero a mí me fascinaba, así
que lo esperé pasándola más que bien a cada centímetro que se hundía
adentro mío.¡Al fin las bolas se apoyaron en mí! era mi momento:
empecé a menear bien la pelvis, en círculos, como en un baile sensual,
pero desnuda, de perrito y con un pene adentro. Empecé bien lento… bien
sensual… bien provocador. Cristian se dejaba llevar, no hacía ni un
mínimo movimiento. Le dije que me escupa en el ano, y así lo hizo.
Cuando sentí la saliva caliente tocándome el borde del ano, me salí de
mí misma y empecé a mover el culo descontroladamente, agitándolo,
haciéndolo saltar, y antes de que me diera cuenta Cristian me había
acabado. Cuando sentí su lechita caliente adentro, no pude más del
placer, me dejé caer en la cama y dándome vuelta, boca arriba, me empecé
a masturbar, abriendo bien las piernas. Cristian (mi héroe) antes de
dejar caer su miembro, me lo metió de nuevo por la vagina y me pellizcó
los pezones hasta hacerme acabar. Después me la puso en la boca y se la
limpié hasta que se le fue cayendo, de a poco…Nos tiramos los dos en
la cama y nos dormimos. Antes de que se despierte, me pegué una
duchita, me vestí y me fui. No lo volví a ver.
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