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2011-06-04 - : Nadabas en el lago « Volver


“Nadabas en el lago, tus pálidos y delgados brazos contrastaban con el color turquesa del agua.Nadabas en el lago, mientras sacabas la cabeza con cada brazada boqueando como un pez.Nadabas en el lago, cuando el aire nos asfixiaba húmedo y dulce como todos los veranos.Nadabas en el lago y tu pelo castaño resaltaba entre los colores del lugar, oliendo a agua, oliendo a vida.” 
Conocí a Javier hace ya
muchos años, yo era una niñata que acababa de cumplir la mayoría de edad
y él me sacaba unos 8 años. Fue una tarde de Abril y llovía a cántaros
cuando entré en una pequeña cafetería del centro de la ciudad.La
decoración era muy recargada y a la vez acogedora, había una lámpara de
araña de los años treinta que daba al lugar una cálida iluminación y una
también cálida bienvenida. Los sillones eran de color teja e intuyo que
pertenecían, al igual que la lámpara, a una época pasada. Las mesas
redondas eran de mármol y hierro forjado y los pasamanos de las
escaleras eran piezas únicas doradas.
Siempre me había gustado ese
sitio, era el lugar favorito de alcohólicos escritores, de señoras
enjoyadas pero muertas de hambre que se dejaban ver con intelectuales
fumadores de pipa. Poseía una decadencia francesa de otro siglo pero en
plena urbe española del siglo XXI. Allí estaba yo, una joven estudiante
de filosofía resguardándose de la fría lluvia primaveral cuando de
repente vi sentado al lado de uno de los grandes ventanales art noveau a
Javier.
Él era alto pero no demasiado, tenía el
cabello corto y de color castaño claro, era dueño de unos bonitos ojos
verdes esmeralda, su boca era fina y poseía un gesto de tensión que
arrugaba su ceño.Le gustaba leer y además tenía buen gusto a la hora de
elegir sus lecturas:
-“Las Flores del Mal” es un libro muy
adecuado para este lugar pero un tanto difícil de leer con este barullo
¿no crees?- atiné a preguntarle.
-Cuando estoy tenso me ayuda venir aquí y
leer un poco al loco de Baudelaire mientras la gente se comporta de
forma tan teatral. Me divierte.- respondió Javier con un aire juguetón.
Me senté con él y rápidamente
conectamos. Me contó cosas sobre su día a día, lo que le gustaba, lo que
no, que vivía solo, que era muy organizado…Hablamos de política, sobre
viejos vinilos de grandes grupos pop, de lo que esperábamos de la vida,
de lo que no, de ciudades europeas, de sexo, de amor, de la muerte. De
todo lo que nos preocupa y mucha gente tiene miedo a contar.
Estaba fascinada. Era la imagen de
hombre ideal que tenía en mi mente, yo era muy jovencita y el hecho de
que pudiera encontrarme con un hombre guapo, interesante e inteligente y
que estuviera dispuesto a enseñármelo todo, me tenía en el cielo.Cuando
paró de llover me llevó a cenar a un bonito italiano allí reímos y
discutimos sobre si Freud era un imbécil o no. Terminó de conquistarme
cuando de camino a mi casa me besó repetidas veces cogiéndome por la
cintura cortando mi discurso y mi respiración:
-Calla tonta- me susurraba.
Cuando llegué a mi casa aturdida y
extasiada por todo lo que me acababa de ocurrir, me encerré en mi
habitación y me senté en la cama. Mientras analizaba la tarde-noche fui
quitándome la ropa poco a poco, pensando en su pícara sonrisa, en sus
profundos ojos, en sus inteligentes bromas…y empecé a preguntarme porqué
no me había llevado a su casa, no me había desnudado él y no me había
follado. Cuando me metí en la cama un calor bastante conocido bajó de mi
cabeza a mi sexo haciendo que sintiera unas ganas terribles de
masturbarme. Y así lo hice: desabroché el cierre de mi sujetador y mis
voluptuosos pechos salieron al exterior. Comencé a pasarme la lengua por
los labios mientras acariciaba mis pechos imaginando que era Javi el
que lo hacía. Pellizcaba mis pezones imaginando que él los mordía
mientras todo me daba vueltas de lo excitada que estaba. Lentamente mi
mano derecha comenzó a bajar por mi estómago hasta llegar  a mis bragas
las cuales fueron apartadas hacia un lado con furia. Mis largos y
huesudos dedos empezaron a pasearse por mi tibio sexo en busca del
placer que ese hombre no me había brindado hoy, ya no me preguntaba cómo
sería hacerlo con un tío, ahora me preguntaba cómo sería hacerlo con
Javi. Llena de  ganas jugaba con mi clítoris retorciéndolo hasta
causarme dolor mientras mi mente sólo pensaba en Javi, en sus blancas
manos, en sus miradas de deseo, en la polla que debía tener. Pensaba en
ello con todas mis fuerzas, ¡quería que él fuera el primero! Exploté en
un orgasmo desgarrador y me dormí  al poco.
 Pasaron los días y veía a Javi las
tarde que tenía libres de estudio. Él me hacía reír y seguía
fascinándome con sus ideas e historias, pero yo no dejaba de pensar en
lo de la otra noche: ¿Por qué no me folló? ¿Sabía que era virgen?-
 estas inútiles preguntas venían una y otra vez a mi cabeza. Las noches
de aquellos días fueron cubiertas de incalculables masturbaciones e
incalculables gemidos ahogados con la almohada.
Al cuarto día me propuso algo:
-Mañana si te apetece podríamos pasar el día en el lago donde iba cuando era pequeño.
-Sí, estaría bien.- respondí un tanto
tensa. Sabía que aquel iba a ser el momento pero no por ello podía dejar
de estar nerviosa. Así  que subí a casa y me preparé como era debido.
Saqué del armario un bañador con cierto aire de pin-up junto con los
demás artículos de ocio al aire libre además preparé mi bolso con
algunos preservativos llegado el momento de calentón.
Yo no era como las demás chicas, no
quería que saliera todo perfecto ni súper romántico ¡mi cuerpo sólo
pedía la polla del chico que tanto me gustaba! Aquella noche para no
variar me masturbé en la oscuridad de mi habitación, pero esta vez con
calma y tranquilidad disfrutando de cada sensación que mi cuerpo me
ofrecía.
 Cuando llegamos al lago colocamos todas
nuestras pertenencias bajo un árbol grande con una densa copa verde.
Allí sobre el esplendor de la verde hierba nuestras toallas fueron
estiradas  y nuestros cuerpos reposaron sobre ellas. Javi se ofreció a
aplicarme protector solar allá donde mis manos no alcanzaban, me
acariciaba la espalda, bajaba mis tirantes, podía sentir sus labios como
ventosas en mi nuca. El calor comenzó a atontarme, poco a poco fui
incorporándome hasta quedar, al igual que él, de rodillas. Así en esta
postura Javi me besaba el cuello y sus brazos me rodeaban la cintura
mientras yo empezaba a suspirar. Sus manos se colaron con gran destreza
dentro de mi bañador agarrando así mis grandes pechos, eché mis brazos
hacia atrás a fin de acariciar su cara y su pelo:
-No te imaginas las ganas que tengo de follarte, Laura- me susurró un Javi excitado.
-No serán más grandes que las que tengo yo de que me folles.
De un tirón me bajó el bañador dejando mi blanca y desnuda piel al sol:
-Date la vuelta- me espetó Javi con una
voz grave que yo desconocía. Y yo como una chica buena cumplí su orden
sin decir palabra mientras él me tumbaba en su toalla y terminaba de
quitarme el bañador. Sin darme cuenta cogió mis tetas y empezó a
besarlas y a lamerlas poniendo así erectos mis pezones. Yo no dejaba de
gemir mientras notaba como bajaba una de sus manos hasta mi excitado
sexo:
-Me encantas así: desnudita en la
hierba, tan blanquita, tan húmeda, a mi merced. Voy a hacerte la mejor
comida de tu vida. – y con estas palabras me brindó el mejor sexo oral
que a día de hoy he recibido. Su lengua se fundía con mi abultado
clítoris, jugando con él deleitándome, haciéndome sentir caliente, en
celo, sexy, poderosa. Se tomaba su tiempo, cambiaba el ritmo, se paraba,
volvía a seguir. Me corrí tres veces perdiendo la noción del tiempo.
Para cuando yo me había corrido la polla de Javi clamaba al cielo:
-Ahora es mi turno, las chicas listas sabemos comer en condiciones una polla.- le solté de forma jocosa.
Aquella polla era gorda y en el largo de
la media, pero era mía por lo que a mis ojos era preciosa. Poseía un
capullo rosado maravilloso y alguna que otra vena se le marcaba. Aunque
fuera virgen no era la primera que me comía una pero he de decir que sí
que era la primera que me comía una totalmente encantada.
La recorrí con la lengua desde la base
hasta la punta parando al llegar a ella, para luego acabar metiéndola
poco a poco dentro de mi boca, Javi estaba recostado sin dejar de
mirarme mientras gemía y me cogía la mano que me había quedado libre.
Estaba a mil y yo más, con la mano ayudaba a mi boca a dar forma a una
felación que nos estaba matando a los dos. La sacaba de mi boca y veía
el líquido preseminal enganchado a su capullo, estaba dispuesta a volver
a meterla dentro de mi boca cuando Javi me pidió que parara:
-Ya he dicho antes que me muero por
follarte no me hagas que te lo repita.- Y dicho esto se posicionó encima
de mí  con su polla en la mano dispuesto a “darme todo su amor”. Fue un
polvo intenso, no dejó de decirme cosas subidas y cosas dulces al oído.
Mordía mi cuello y también mis pezones. Me hizo sentir deseada,
empujaba con furia manteniéndome caliente, húmeda, excitada. Exploraba
mi cuerpo, me ponía sobre él haciéndome sentir como una amazona, una
orquídea salvaje. Se corrió mordiéndose fuertemente los labios, cuando
yo me corrí mi cuerpo se dobló hacia atrás reflejándose la luz del sol
en mis pechos.
Después nos bañamos, jugamos, reímos,
nadamos en el lago. Y pasaron los días y el simple hecho de ir al cine
se acababa convirtiendo en sexo en su casa. Así todas y cada una de las
tardes- noches que quedamos. Nunca me decepcionó, al contrario, era mi
amigo siempre tan inteligente, razonable, culto y el único que sabía
follarme bien.
Una noche unos años más tarde soñé con aquel mediodía de Abril tan caluroso casi veraniego y escribí esto:
“Nadabas en el lago, tus pálidos y delgados brazos contrastaban con el color turquesa del agua.
Nadabas en el lago, mientras sacabas la cabeza con cada brazada boqueando como un pez.
Nadabas en el lago, cuando el aire nos asfixiaba húmedo y dulce como todos los veranos.
Nadabas en el lago y tu pelo castaño resaltaba entre los colores del lugar, oliendo a agua, oliendo a vida.”
A lo que él me respondió:
“Me mirabas mientras nadaba en el
lago y yo detendría el tiempo en este momento para siempre. Y así te
hice mi Lolita eternamente.”

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